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En el marco del Día Mundial del Ataque Cerebrovascular (ACV), la Clínica Marly llama a reconocer los síntomas y actuar a tiempo

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año en el mundo 15 millones de personas sufren un Ataque Cerebrovascular (ACV).  De estas, 5 millones fallecen y 5 millones quedan con alguna discapacidad permanente. Los ACVs son la segunda causa de muerte en América Latina y la primera de discapacidad física y mental en los adultos, en el mundo occidental. 

La OMS señala que una de cada seis personas sufrirá un ACV en su vida y que el riesgo se duplica a partir de los 55 años de edad y también se puede presentar en los más jóvenes. En Colombia, los datos no son menos alarmantes. De acuerdo con el doctor Mario Muñoz Collazos, Jefe del Servicio de Neurología de la Clínica de Marly se estima que, a diario, en Colombia 125 personas sufren un ACV, un promedio de cinco cada hora y que, del total de víctimas, al menos 1.000 mueren en los primeros 30 días tras el suceso. 

Sin embargo, y a pesar de las desalentadoras cifras, reconocer los síntomas y actuar a tiempo puede hacer la diferencia. Esa es la razón por la cual la Clínica de Marly, en el marco del Día Mundial del Ataque Cerebrovascular (ACV) que se celebra el próximo 29 de octubre, dentro de su programa de promoción y prevención de las enfermedades cerebrovasculares de su servicio de Neurología emprendió una campaña educativa para que los colombianos se enteren cómo estar preparados frente a su ocurrencia.

Según esta institución médica lo primero que las personas deben tener claro es que el ataque cerebrovascular no es un “accidente” como se suele pensar. Es, en realidad, el resultado de que la circulación del cerebro se vea comprometida, ya sea por oclusión o taponamiento de los vasos sanguíneos o porque estos se rompen. 

Si bien, a esto se le conoce popularmente como ‘trombosis, en el argot médico la condición es identificada por un infarto cerebral que ocurre como consecuencia de no tratar adecuadamente los problemas de presión arterial, la diabetes, algunas arritmias cardíacas, el tabaquismo, el sobrepeso, la falta de ejercicio físico y, en síntesis, de no llevar un estilo de vida saludable.

A su vez, el doctor Mario Muñoz Collazos, Jefe del servicio de Neurología de la Clínica de Marly señala que las consecuencias de padecer un ACV son devastadoras: aunque solo una de cada diez víctimas mueren en los primeros días, aquellos que sobreviven pueden quedar con algún tipo de discapacidad, en muchos casos, tan grave que no pueden volver a ejecutar ninguna de sus funciones diarias como comer, vestirse o bañarse sin requerir la ayuda de otros.

El problema, de acuerdo con los especialistas, es que las víctimas de los ACV no suelen reconocer sus síntomas o los confunden con un dolor de cabeza intenso o con una migraña por lo que no acuden a tiempo al servicio de urgencias en espera de que la molestia desaparezca, lo que incrementa las posibilidades de un desenlace fatal o de padecer daños irremediables.

En este sentido, el servicio de Neurología de la Clínica Marly hace especial énfasis en que la ciudadanía esté alerta a los siguientes síntomas:

• Dificultad al hablar.

• Adormecimiento de piernas y brazos.

• Entumecimiento o adormecimiento de los músculos faciales del rostro.

• Sensación de dolor intenso y no habitual de cabeza.

• Pérdida súbita de la visión en uno o ambos ojos.

• Dificultad súbita para coordinar movimientos del cuerpo.

Además, se debe profundizar en la observación de tres puntos:

Rostro: ¿tiene la cara torcida?, ¿la siente “dormida”?, ¿puede sonreír o mostrar los dientes en forma pareja?

Brazos: al extenderlos hacia adelante, ¿siente debilidad en uno o ambos brazos o siente que se tienden a caer?, ¿siente adormecimiento en estos miembros?

Capacidad de habla: ¿puede hablar sin dificultad?, ¿entiende lo que se le dice?, ¿ha empezado a hablar “enredado”?

Una vez detectado uno o varios de estos síntomas, los especialistas en el tema de la Clínica de Marly recomiendan acudir lo antes posible a un centro médico con capacidad para atender dicha emergencia. De hecho, se estima que desde el inicio del ACV y no desde la llegada del paciente al servicio de urgencias, se cuenta con cuatro horas y media para iniciar el tratamiento médico que permite ´destapar´ las arterias a tiempo y evitar así el mayor daño posible al cerebro.

Incluso, algunas investigaciones científicas sugieren que, por cada minuto de más que se pierda, el paciente puede llegar a perder de 1,9 a 2,5 millones de neuronas, de modo que, además de controlar los factores de riesgo, es vital que las personas aprendan a detectarlo a tiempo. 

De otro lado, es importante tener en cuenta que el 80% de los infartos de miocardio y de los ACV prematuros son prevenibles si se toman en cuenta las siguientes recomendaciones que ofrece la OMS:

 • Consumir una dieta sana: una dieta equilibrada es fundamental para la salud del sistema vascular. Se recomienda consumir abundantes frutas y verduras, cereales integrales, carnes magras, pescado y legumbres, y poca sal y azúcar.

 • Hacer ejercicio regularmente: al menos 30 minutos diarios de actividad física ayudan a mantener el sistema cardiovascular en forma. Al menos 60 minutos casi todos los días de la semana ayudan a mantener un peso normal.

 • Evitar el consumo de tabaco: el tabaco daña gravemente la salud, independientemente de cómo se consuma (cigarrillos, cigarros electrónicos, pipa o tabaco para mascar). La exposición pasiva al humo del tabaco también es peligrosa. El riesgo de padecer un ACV empieza a disminuir inmediatamente después de dejar de consumir estos productos y se puede reducir a la mitad en tan solo un año.

 • Verificar y controlar el riesgo cardiovascular: un importante aspecto de la prevención de los ataques cerebrovasculares es el tratamiento y asesoramiento de los pacientes con alto riesgo (aquellos con un riesgo cardiovascular a los 10 años igual o superior al 30%) y la reducción de este. Los profesionales de la salud pueden estimar su riesgo cardiovascular con gráficas simples y dar al paciente los consejos apropiados para reducir sus factores de riesgo.

 • Medir la tensión arterial: la hipertensión suele ser asintomática, pero es una de las principales causas de infarto de miocardio o ataques cerebrovasculares. Medirse la tensión arterial, y verificar si está elevada permitirá iniciar a tiempo un tratamiento médico y cambios en el estilo de vida.

 • Medir los lípidos en la sangre: el aumento del colesterol en la sangre incrementa el riesgo de infarto de miocardio y ataques cerebrovasculares. El control del colesterol en la sangre requiere una dieta saludable y, si fuera necesario, medicamentos apropiados.

 • Medir el azúcar en la sangre: el exceso de azúcar en la sangre (diabetes) aumenta el riesgo de ataques cerebrovasculares.

 

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